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El ángulo que forma nuestra línea de visión a esas gotas con los rayos del sol debe ser el mismo para todas. Es decir, todas las gotas que emiten el rayo rojo en nuestra dirección, se encuentran sobre la superficie de un cono cuyo vértice es nuestra cabeza.
Tal y como vemos en la maqueta, es algo así como que cada color se mueve por un embudo y nuestro ojo es el agujero del embudo. El rojo se mueve por un embudo ancho; el violeta por un embudo más estrecho. Y los rayos se ven como provenientes de la base del embudo respectivo.
Como todos los ángulos de las gotas que vemos coloreadas deben ser iguales y los rayos del sol son practicamente paralelos debido a su lejanía con respecto de la Tierra, la única forma de descubrir los colores en las gotas de lluvia es trazando una línea en forma circular donde los rayos de color convergen en nuestros ojos (como el Playmovil). La figura no es otra cosa que un cono hecho con papel que simula nuestro ángulo de visión cuando intercepta los diferentes colores del Arco Iris.






Dentro del halo, el cielo parece ser más oscuro que fuera de él.
Bueno, todo esto está muy bien, pero ¿de qué me sirve a mi ver un halo?
En las creencias populares, los halos se han asociado durante mucho tiempo a la inminencia de lluvia, y hay algo de verdad en ello. Los cirrus y cirrustratus que producen un halo pueden indicar que se acerca un sistema de bajas presiones que trae lluvias con frecuencia. No quiere decir que siempre suceda pero es como un cartel muy grande en el cielo que nos dice que tenemos cristales de hielo paseandose por las capas altas.
En mi experiencia personal he de confesar que los halos casi siempre me han dado un buen aviso. A veces en cuestión de horas me han avisado de tormentas aunque lo más habitual es que pasado uno o dos días después de su aparición lleguen las lluvias o tormentas. Nos tenemos que fijar en la velocidad en la que los cirrus invaden el cielo o si por el contrario se disipan.
Para aprender más...

En las zonas árticas y de forma extraordinaria en otros lugares, podemos disfrutar de verdaderos espectáculos en el cielo. La refracción en los "cubitos" de hielo puede generar lineas en el cielo de una belleza sin igual.





Durante su viaje en busca de una ruta por el
Norte (1919-1920), el naturalista y explorador inglés Sir William
Edward Parry realizó estudios de la flora, fauna, geología,
hidrología, meteorología y de la gente de esas regiones. También hizo
varios dibujos de los halos que pudo observar. En uno de ellos describe
un arco sobre el Sol exactamente arriba de un arco tangente.
Este fenómeno recibe el nombre de Arco de Parry en su honor.




Cuando un rayo entra por la parte superior de un cristal plano –que gira sobre su eje vertical– y sale por una de sus caras laterales, se forma un Arco Circuncenital. Éste es un gran arco de 90° que tiene su centro en el cenit (de ahí su nombre), es decir, el punto colocado exactamente arriba del observador.
Este halo se ve a 46° o un poco más sobre el
Sol. Dura sólo unos pocos minutos –cinco, en promedio–, pero durante
ese tiempo es tan brillantemente colorido, especialmente en la región
cercana al Sol, que puede confundirse con un Arco Iris excepcionalmente
brillante.



Una gloria, también llamada aureola, se forma por la dispersión (traduciendo: cuando a la luz del sol se le descubren los colores) de la luz del sol por una nube hecha de gotitas de agua que son todas de los mismos tamaños, aproximadamente. Aparece siempre en el punto directamente enfrente del Sol de la perspectiva del espectador: imagínese una línea que conecta el sol, el espectador y el punto donde aparece la gloria. Este punto se llama el punto antisolar. Es frecuente encontrarla en las cumbres de las montañas cuando son invadidas por nubes o en la niebla cuando se escapan los rayos del sol.
La diferencia entre coronas y glorias















Al amanecer, sobre todo al anochecer y con cielo completamente despejado, podemos observar en ocasiones una serie de franjas difuminadas con coloraciones que van del gris oscuro al rosáceo o amarillento. Estas tonalidades se observan siempre en el horizonte contrario al de la puesta de sol.
En la parte superior hay tonos azules pálidos ya que todavía está recibiendo los rayos del sol. En la parte intermedia, en ocasiones la más ancha, dominan las gamas rosáceas. El sol atraviesa casi horizontalmente una gran capa de la baja troposfera que es donde hay más concentración de partículas sólidas en suspensión (polvo, contaminación) dispersando los colores azules y manteniendo los cálidos (rosa y rojo). Esta es la misma causa del enrojecimiento del sol al atardecer.
Por último, en la parte inferior domina el azul oscuro o incluso el gris, ya que esta zona está ocupada por la sombra que proyecta la Tierra. Si estamos por encima del horizonte, por ejemplo en la cima de una montaña, observaremos mejor estas diferentes capas coloreadas. Se puede comprobar que con invasiones de polvo sahariano, el fenómeno es aún más marcado y el contraste de las diferentes capas es espectacular.
Magnífica explicación de nuestro amigo Alfred Rodriguez Picó










